La actividad física: el psicofármaco natural
- Constanza Martinez
- 1 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 30 dic 2025

Durante mucho tiempo se pensó la salud mental como algo que se trabajaba únicamente desde la palabra, el pensamiento o la emoción. Hoy sabemos que esa mirada es limitada. La mente no funciona aislada: vive en un cuerpo, se regula a través de él y responde a lo que hacemos —o dejamos de hacer— con nuestro movimiento diario.
La actividad física no es solo una solución cuando ya experimentamos síntomas de estrés, ansiedad o depresión. Hacer ejercicio regularmente es una herramienta preventiva poderosa para mantener una salud mental sólida a largo plazo. Incorporar el ejercicio a tu rutina diaria, incluso en pequeñas dosis, puede reducir el riesgo de sufrir trastornos psicológicos, mejorando tu capacidad para manejar las presiones de la vida diaria.
Cuando entrenamos, a nivel corporal se liberan varias hormonas y neurotransmisores que tienen un impacto directo y muy potente en la salud mental, el estado de ánimo y la regulación emocional. Entre ellos encontramos:
Endorfinas: Generan sensación de placer y alivio del dolor. A nivel mental mejoran el ánimo, reducen el estrés y la ansiedad. Estas se suelen sentir en el famoso ''subidón post-entrenamiento''.
Serotonina: Regula el estado de ánimo, el sueño y el apetito. En la depresión, este neurotransmisor está afectado, por lo que el ejercicio regular es una herramienta preventiva de este trastorno.
Dopamina: Vinculada a la motivación y la recompensa. Genera más energía, foco y ganas de seguir entrenando. Esta hormona ayuda a reforzar la adherencia al hábito del ejercicio.
Oxitocina: Es la hormona del vínculo y la confianza. Cuando entrenamos en grupo, reduce el estrés social y aumenta la sensación de conexión con otros.
BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro): Favorece la neuroplasticidad, a que nuestras neuronas generen nuevas conexiones. Por eso, muchas veces cuando caminamos o hacemos ejercicio, surgen las mejores ideas.
Hay días en los que entrenar se siente fácil, casi automático. Y hay otros en los que el cuerpo pesa, la motivación no aparece y la mente busca excusas. Curiosamente, no son los primeros los que generan el mayor impacto, sino esos segundos. Moverte cuando no tenés ganas no es una cuestión de fuerza de voluntad heroica, sino de vínculo con vos mismo. En esos momentos, el mensaje que se construye internamente ''mis excusas hablan, pero no deciden''. Esa experiencia refuerza la confianza interna, la identidad y amplía la sensación de autoeficacia, algo que luego se traslada a muchas otras áreas de la vida. Así aprendemos a sostener hábitos que regulan, incluso cuando el ánimo fluctúa. Y eso, a nivel psicológico, es fortalecedor.
A través del ejercicio, descubrimos que nuestro cuerpo es mucho más fuerte de lo que creemos, y esta realidad nos empodera mentalmente. Lo que al principio parecía un reto difícil de alcanzar, con el tiempo se convierte en algo alcanzable, y eso puede transformar profundamente nuestra salud mental. Cada pequeño logro físico refuerza nuestra resiliencia , enseñándonos que somos capaces de superar obstáculos, tanto en el plano físico como emocional.
El cambio estético: la punta del iceberg
El cambio estético muchas veces es lo que inspira a dar el primer paso, aunque la verdadera transformación ocurre mucho más allá de lo visible. La mejora física es solo la punta del iceberg; lo más valioso es la fuerza, la confianza y el bienestar que se van cultivando internamente, aunque no siempre sean evidentes ni se puedan ver frente a un espejo. Estos cambios profundos se están gestando y produciendo en cada esfuerzo, y reconocerlos es parte fundamental del proceso de crecimiento.

Buscar solo cambios físicos al entrenar es como mirar un árbol esperando ver frutos todo el tiempo. Si el foco está únicamente en lo visible, la frustración aparece rápido. El verdadero trabajo —y el verdadero interés— está en las raíces: los hábitos, la constancia, el descanso, la alimentación, el vínculo con el cuerpo y el proceso. Cuando las raíces están fuertes, los frutos llegan solos.



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